La gestión del gobernador de Chubut, Ignacio «Nacho» Torres, enfrenta una profunda crisis política y social, marcada por intensas protestas de docentes, estatales y trabajadores de salud, que han derivado en denuncias de represión policial.

Las movilizaciones, impulsadas por salarios considerados insuficientes y la falta de soluciones paritarias, han generado la convocatoria a un nuevo «Chubutazo» para los primeros días de mayo de 2026, reactivando la tensión social en la provincia.
Reclamo salarial y expansión del conflicto
El conflicto en Chubut se intensifica con el paso de los días a partir del reclamo docente por mejoras salariales. Los trabajadores de la educación denuncian ingresos bajos y rechazan la propuesta del Gobierno provincial.
Con un salario básico cercano a los 304 mil pesos, el sector sostiene que los ingresos se ubican entre los más bajos del país, lo que impulsó medidas de fuerza y movilizaciones.
De protesta docente a frente multisectorial
Lo que comenzó como una protesta puntual se transformó en un reclamo más amplio. Trabajadores de salud, vialidad, producción y otros sectores estatales se sumaron a las medidas.
El conflicto dejó de centrarse exclusivamente en salarios y pasó a configurar un escenario de mayor alcance dentro de la provincia.
Denuncias por represión en Rawson
La situación se agravó tras un operativo policial frente al Ministerio de Educación en Rawson.
Manifestantes denunciaron el uso de gas pimienta, golpes y la existencia de docentes que requirieron atención médica luego de la movilización.
Convocatoria al «Chubutazo«
En medio de la escalada del conflicto, comenzó a circular la convocatoria a un “Chubutazo”, prevista para el 6 de mayo.
La iniciativa surgió durante una vigilia realizada en la previa del Día del Trabajador, donde se realizaron actividades y una olla popular frente a la sede educativa provincial.
Impacto político en la gestión provincial
El escenario representa un desafío para el gobernador Ignacio Torres, en un contexto donde el conflicto social se combina con tensiones políticas más amplias.
El crecimiento de las protestas y la posibilidad de una movilización masiva agregan presión sobre la administración provincial en medio de negociaciones paritarias en curso.
De pronto llegó algo que ni el gobernador Torres ni su más estrecho entorno imaginaron: la calle. Primero con tímidos bombos repiqueteando en la puerta de algún ministerio. Después con marchas en algunas ciudades que no llegaban a mover tablero alguno. Pero de pronto, las manifestaciones de protesta fueron creciendo, los sindicalistas que negocian con el gobierno perdieron credibilidad y confianza y revivieron los “autoconvocados” que en los últimos días realizaron importantes marchas y hasta vigilias disconformes con los débiles aumentos salariales surgidos de flojas paritarias.
No creen ni en sus sindicalistas (que por otra parte tienen internas en las conducciones) ni tampoco en la palabra del gobierno. Y aún con Torres ausente por alguna gira coparon la peatonal de Rawson que en sus veredas enfrentadas tiene a la Casa de Gobierno de un lado y a la residencia del gobernador del otro.
Incluso los docentes llegaron a decretar un paro de actividades que quedó en la nada porque la Secretaría de Trabajo dictó la conciliación obligatoria y habrá una negociación durante 20 días.
No es algo que el mandatario no pueda revertir y volver a aquel idilio de los primeros tiempos. Pero para ello tendrá que trabajar duro, barajar y dar de nuevo con sus aliados, algunos de los cuales (como un sector importante del radicalismo que se “mudó” a las filas libertarias) ya no estarán para sostenerlo, barajar y dar de nuevo en su bloque para evitar más fugas, barajar y dar de nuevo con sectores de la justicia y el empresariado y, sobre todo, barajar y dar de nuevo con la gente, con el ciudadano de a pie que ya no confía como antes.
«Nacho» Torres tiene el mazo de cartas en sus manos. Tendría que volver a pensar cómo, con quiénes y de qué manera lo reparte.
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