La tribuna de Floresta como trinchera cultural y política

El desafío de la hinchada de All Boys a la censura porteña expone la vigencia de una identidad popular indomable: el Peronismo. Abre un debate urgente sobre el autoritarismo estatal y los límites de una democracia que intenta vaciar de contenido sus espacios más sagrados. 


 

       Por Oscar Dufour | (*)

 

El reciente episodio en las inmediaciones del estadio Islas Malvinas, donde la hinchada de All Boys desafió la prohibición del gobierno porteño ingresando al compás de la Marcha Peronista, y desplegando banderas con los rostros de Perón y Evita, trasciende la mera anécdota deportiva. Se trata de un hecho de profundo calado político y sociológico, que pone en jaque, las visiones tecnocráticas de la política y enciende alarmas sobre los límites de la libertad en democracia.

 

 

La falacia de la «despolitización» y la censura previa

La decisión del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de prohibir símbolos del Partido Justicialista bajo la premisa de «despolitizar» los espectáculos públicos, comete un error de diagnóstico elemental. Intentar suprimir por decreto la simbología de la fuerza política que moldeó la Argentina contemporánea, no es neutralidad, es una forma de censura previa.

La democracia no se fortalece vaciando los espacios públicos de debate o identidad, sino garantizando la coexistencia de las diversidades. Cuando el Estado utiliza las fuerzas de seguridad para tapar un escudo partidario en una bandera comunitaria, el fútbol deja de ser un juego y el estadio se transforma en un termómetro de las tensiones civiles. La reacción de los hinchas de Floresta demuestra que la identidad cultural, no se legisla.

 

El Peronismo: radiografía sociológica de una sinfonía de sentimiento 

Para comprender por qué el peronismo emerge con tanta virulencia en una tribuna de fútbol, es necesario analizar el fenómeno desde la sociología política a través de tres ejes fundamentales:

 

La comunidad organizada a escala micro, donde el club de barrio y la tribuna operan en Argentina como los últimos refugios de la sociabilidad comunitaria. Allí donde el tejido social se fragmenta, el fútbol y el peronismo convergen como matrices de contención e identidad.

El sincretismo de los símbolos es para el sector popular, las figuras de Evita y Perón que ya no pertenecen exclusivamente a una estructura partidaria tradicional. Han mutado en íconos culturales de resistencia, comparables al folklore o a la religiosidad popular.

La cultura del aguante, allí la sociología del fútbol argentino donde es la moneda de cambio, al prohibirles símbolos del peronismo, la autoridad lo convirtió en el combustible perfecto para la épica de la tribuna. Ahora, resistir la prohibición se volvió un acto de fidelidad a la propia historia del club.

 

El Peronismo, un fenómeno indescifrable para el manual liberal

La militancia, lejos de amedrentarse ante la persecución o la censura, encuentra en la resistencia el combustible esencial de su identidad.

La frase que los propios hinchas viralizaron en redes sociales, sintetiza el nudo gordiano de la política nacional: «Vas a ver peronismo hasta que te mueras y nunca vas a entender por qué».

Existe una desconexión estructural entre las élites que conciben la política como un frío cálculo de gestión o una batalla de algoritmos, y los sectores populares que la viven como una experiencia comunitaria, estética y afectiva. Mientras el gobierno anarco-colonialista intente combatir al Movimiento Nacional Justicialista extirpando sus símbolos de las paredes o de los para avalanchas, seguirá chocando contra la misma pared de hormigón: el peronismo no es solo un partido que compite en elecciones, es, fundamentalmente, una subcultura identitaria arraigada en las entrañas del Pueblo argentino.

 

La vigencia del sentimiento Peronista: Intentaron censurar un símbolo en All Boys y despertaron la Marcha.

 

Conclusión

La proscripción como motor de la resistencia popular

La obstinación por prohibir los símbolos peronistas en una tribuna de Floresta no es un hecho aislado, sino el síntoma de una matriz política e histórica recurrente en la Argentina: el intento de los sectores dominantes de suprimir por la fuerza o por decreto aquello que no pueden vencer en las urnas. Es allí donde el para avalanchas se conecta de forma directa con el tablero nacional.

 

La militancia, lejos de amedrentarse ante la persecución o la censura, encuentra en la resistencia el combustible esencial de su identidad. El peronismo ha demostrado, a lo largo de más de ocho décadas, que cada intento de borrarlo de la historia solo consigue arraigarlo más profundamente en el corazón de su Pueblo.

 

Mientras los laboratorios de poder sigan creyendo que la legitimidad de las expresiones populares se destruye con prohibiciones o cordones policiales, la militancia peronista responderá con la misma e indomable certeza histórica que se escuchó este fin de semana en los tablones de All Boys:

La voluntad de un Pueblo nunca se arrodilla ante un decreto y el «lawfare».

 

Los que quieran oír… que oigan

(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista Argentino. Presidente © Grupo Agencia del Plata. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires  🇦🇷

 

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