La Argentina herida ante el desmantelamiento del pacto democrático de 1983
Cuarenta y tres años de legitimidad democrática jaqueados por el autoritarismo anarco-colonialista. En una fecha que debiera ser de celebración cívica, el gobierno de Milei expone su peor cara con la destrucción del tejido social y el ataque sistemático a la división de poderes. El peronismo asume la urgencia histórica de frenar un modelo de entrega que asfixia al pueblo y rifa el futuro de nuestra Patria.
Por Oscar Dufour | (*)
El 30 de octubre de 1983, el pueblo argentino recuperó la soberanía de su destino a través del voto, sepultando la etapa más oscura de nuestra historia. A más de cuatro décadas de aquella gesta cívica, la conmemoración de este aniversario no encuentra al país en una jornada de festejo pleno, sino en una profunda encrucijada existencial. La Argentina asiste hoy a una de las mayores tensiones de su era democrática: La confrontación directa entre la histórica matriz de derechos garantizada por el peronismo y el experimento de desmantelamiento institucional que ejecuta el gobierno de Javier Milei.

La democracia herida: de la justicia social y el ascenso popular al desguace planificado de Milei
El aniversario de las urnas históricas encuentra a la Argentina rehén de un experimento cruel que confunde libertad con exclusión. Frente a la tradición justicialista de proteger a los trabajadores, el oficialismo ejecuta un ataque feroz contra la universidad pública, la ciencia y el federalismo, empujando al país a un abismo de pobreza e insensibilidad social.
El experimento de la crueldad no puede ser el destino definitivo de nuestra República. La historia argentina demuestra que los modelos basados en la exclusión y el autoritarismo institucional terminan chocando contra la realidad y la resistencia popular. Mientras el gobierno actual se encierra en su dogmatismo y desprecio por el prójimo, el peronismo debe levantar sus banderas históricas para demostrar que otra Argentina es posible: una donde la libertad no sea el privilegio de unos pocos por el ajuste de Milei, sino el derecho efectivo de cada habitante de nuestro suelo.
Desde la irrupción del Justicialismo en el siglo XX, la democracia argentina dejó de ser un mero ejercicio de votación para transformarse en un sinónimo de justicia social, movilidad social ascendente y soberanía económica. Fue el peronismo el movimiento político que, tanto en la resistencia como en la gestión de gobierno, dotó de contenido material a las libertades civiles, entendiendo que no hay libertad posible allí donde impera la exclusión. El pacto democrático de 1983, si bien fundado por el civismo de Raúl Alfonsín, se consolidó en las décadas posteriores gracias a la incorporación de las mayorías trabajadoras, la ampliación de derechos laborales, el fortalecimiento de la universidad pública y la política de Derechos Humanos como política de Estado.
En un contraste violento con esa tradición de construcción colectiva, la gestión actual de Javier Milei representa una ruptura inédita de los consensos básicos que sostienen a nuestra República. Bajo la bandera de un dogmatismo de mercado, el gobierno anarco-colonialista no solo despliega un feroz programa de ajuste socioeconómico que empuja a millones a la pobreza, sino que ejecuta un ataque sistemático contra la institucionalidad democrática. El desprecio por el Congreso de la Nación, el intento de gobernar a fuerza de decretos de necesidad y urgencia y el ensañamiento discursivo contra la disidencia, el periodismo y el pensamiento crítico configuran una alarmante deriva autocrática.
El gobierno libertario parece ignorar deliberadamente que la legitimidad de origen que otorgan las urnas debe revalidarse día a día en el respeto a la división de poderes y en el bienestar de la ciudadanía. Al erosionar el rol regulador del Estado, desfinanciar la ciencia, atacar la educación pública y desproteger a los sectores más vulnerables, la actual administración no solo destruye el tejido social, sino que socava los pilares del pacto democrático fundado en 1983.
A 43 años de aquella histórica jornada de las urnas, el peronismo se enfrenta al desafío de reorganizarse y volver a erigirse como el escudo protector de los derechos conquistados. La encrucijada es clara: Se convalida el proyecto de una Argentina balcanizada, individualista y con un Estado ausente que propone Milei, o se defiende la vigencia de una democracia con inclusión, soberanía y dignidad humana.
Defender la democracia hoy es oponerse activamente a la barbarie libertaria. El aniversario de este 30 de octubre no es un ejercicio de nostalgia, sino un llamado urgente a la acción política. Frente a una administración que rifa la soberanía, desfinancia las universidades y pretende gobernar por decreto, la reconstrucción de un frente nacional y popular es un imperativo ético. La historia juzgará a Javier Milei por la destrucción de los lazos sociales y los consensos democráticos; al peronismo le toca la tarea, una vez más, de sanar las heridas de la Patria y devolverle la dignidad al pueblo trabajador.
La memoria de los millones que recuperaron la voz en 1983, y los miles que se fueron sin querer irse, exigen hoy más que nunca, firmeza política y la reconstrucción de una alternativa nacional y popular frente al abismo libertario.

Conclusión
A 43 años de la recuperación del voto, el pacto democrático tambalea bajo el shock libertario. Mientras el peronismo históricamente garantizó la dignidad de las mayorías y dotó de derechos reales a la ciudadanía, la gestión de Milei dinamita los consensos de 1983 con un violento desprecio por el Congreso, el avasallamiento institucional y una deriva autocrática que pretende cambiar el debate político por el insulto oficial.
La encrucijada no admite grises. Se convalida el desguace libertario o se reconstruye la alternativa popular. A cuatro décadas de la recuperación de las urnas, la memoria de las mayorías exige abandonar la pasividad. El peronismo tiene la responsabilidad histórica de reagrupar las demandas de los trabajadores, los estudiantes y los jubilados para frenar este coyuntural «experimento».
La democracia no nació en 1983 para terminar convertida en la mesa de saldos de un mercado despiadado; nació para ser el instrumento definitivo de la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación.
Los que quieran oír… que oigan
(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista Argentino. Presidente © Grupo Agencia del Plata. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires
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