Frente a la inminente llegada del Papa León, la Iglesia Católica Argentina profundiza su distancia con la Casa Rosada. El duro pronunciamiento de monseñor Dante Braida expone la fractura entre la opción pastoral por los vulnerables y el salvaje programa económico del presidente Milei, transformando la visita pontificia en un escenario en desarrollo de fuerte disputa política y social. El Obispo de La Rioja celebró que el Santo Padre quiera visitar sitios del país como el Cottolengo Don Orione o la Cárcel de Devoto porque expresan «el mundo de la vulnerabilidad» de la sociedad argentina.
Por Oscar Dufour | (*)
El límite ético que incomoda al gobierno de Milei. La antesala de la histórica llegada del Papa León XIV a la Argentina ha terminado por consolidar un quiebre largamente incubado. No se trata de un simple desencuentro protocolar, sino de una colisión de fondo entre dos concepciones irreconciliables de la dignidad humana. Quien ha elegido verbalizar esta distancia de manera contundente es monseñor Dante Braida, obispo de La Rioja, cuya voz resuena hoy como el emergente de una Iglesia que se niega a pastorear en el silencio mientras se desmantela el tejido social.

Las declaraciones de Braida advirtiendo que «los más postergados nunca pueden ser una variable de ajuste», operan como un manifiesto de resistencia ética. Al confrontar directamente la narrativa de la Casa Rosada y exigirle al presidente Milei que «mire la realidad» en lugar de negar el hambre y la insuficiencia de los salarios, el prelado riojano se posiciona en la primera línea de la herencia pastoral y teológica de nuestro amado Papa Francisco, siempre eterno. Son los Obispos de las provincias, los que caminan los barrios populares y gestionan los comedores desabastecidos, quienes hoy recogen el guante de la «Iglesia en salida» y la opción preferencial por los pobres.
El contraste con el dogmatismo «libertario» es total. Mientras el gobierno anarco-colonialista fundamenta su legitimidad en la frialdad de las planillas de Excel, el superávit fiscal a cualquier costo y una retórica oficial que roza la deshumanización del adversario político, la Iglesia Católica Argentina recupera su histórico rol de amortiguador y termómetro de la crisis.
La decisión de que la agenda pontificia incluya hitos en la Obra Don Orione y la cárcel de Devoto no es casual; es una impugnación implícita a las políticas oficiales que han golpeado con extrema dureza a los jubilados, la niñez, las universidades y el sistema de salud pública.
Frente al lenguaje de la crueldad y las metáforas de «hogueras» ideológicas emanadas desde el atril presidencial, la jerarquía eclesiástica responde con la centralidad de la persona trabajadora y el reclamo urgente de diálogo y consenso.
La inminente llegada del Papa León no será un mero acontecimiento litúrgico, sino el catalizador de una tensión política y social que ya resulta inocultable. Al alzar la voz en defensa de los más postergados, la Iglesia Católica -fiel al legado pastoral de Francisco- ha trazado un límite ético infranqueable ante el cruel ajuste que padecen las y los argentinos.

En síntesis, la visita del Santo Padre en los próximos días no será el bálsamo de impunidad que el gobierno de Milei pretendía escenificar para el exterior. Por el contrario, la contundencia de voces como la de Braida anticipa que la presencia de León XIV funcionará como un espejo incómodo para una gestión que, en su afán de «reforma estructural», parece haber olvidado que detrás de los números de la macroeconomía subsisten millones de argentinos sumergidos en la vulnerabilidad extrema.
Los que quieran oír… que oigan
(*) Oscar Dufour es escritor, periodista y ensayista Argentino. Presidente © Grupo Agencia del Plata. Columnista de medios internacionales. Vicepresidente de la Asociación de Periodistas de Moreno – Provincia de Buenos Aires
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